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Subject: Una tarde sin nada para hacer 4 Una Tarde sin nada que hacer. 4°capítulo. (The third part of a fictional story involving a 13th year old teen boy and a man. It has explicit descriptions of male gay sex. In Spanish). Hacer una donación a este sitio contribuirá a que podamos seguir disfrutando de los relatos aquí publicados. Cuando el automóvil negro se acercaba casi a paso de hombre junto al cordón de la vereda, Kevin se levantó del banco de la plaza y se le acercó. Miró a través de la ventanilla. Sí, era él, el que le había dicho llamarse ogro. Cuando recibió su correo la semana anterior, le costó ubicarlo. Había pasado un mes desde aquel encuentro. Recordó más tarde que le había dejado su dirección. Deseaba, sin confesárselo abiertamente, ir una vez más con él. Con el tiempo los hechos fueron decantando, pero no lograba deshacerse de aquella sensación que había experimentado en el asiento trasero del auto. Fue corta. El auto era el mismo, sí, no podía ser otro, en un momento había pensado en alguna jugada de alguien desconocido. Pero era el ogro, el mismo con quién, un mes atrás había tenido la aventura. Cuando Boris lo vio con aquella bermuda raída y camisa suelta sin mangas, comprobó con satisfacción la excitante tarde que le esperaba con aquel muchachito que le había dado tanto placer hace un mes en un encuentro casual en ese mismo parque. -“Sube, ya me conoces, no te voy a comer,” le lanzó alegremente el hombre. El chico abrió la puerta y subió. -“Has crecido, desde aquella vez”, dijo Ivan Kevin cerró la puerta delantera del auto y se acomodó en el asiento. Saludó en voz baja y esbozó una sonrisa tímida. “-En tan poco tiempo? No creo que se note. Dijo sonriendo Kevin “-Bueno, pero estás más guapo”… y más apetitoso, pensó para sí mismo.” “Tus piernas son muy bonitas, creo que lo sabes bien…” agregó mientras apoyaba una mano sobre su muslo. “No deberías llevar bermudas tan cortas, tentarías a muchos hombres, y tal vez no todos tengan las mejores intenciones”. Kevin lo miró y meneó la cabeza, incrédulo. “-Apenas llega por encima de mis rodillas!” protestó. “-Eso alcanza para distraer mis ojos!” dijo Boris sonriendo. “-Pero… espera. No creo que sea conveniente que te muestres así al lugar adonde iremos”. Kevin preguntó con un dejo de temor en su voz. “-Adónde vamos?” Boris acarició la tersa piel de su muslo antes de volver la mano al volante y poner en marcha el auto. Se movió en su butaca para reacomodar su miembro erecto que le incomodaba. Esta vez no se detuvo en un rincón apartado, sino que, pasando el parque, el vehículo siguió por una calle ancha y con poco tráfico. “- Sabes…estuve pensando que podríamos estar en un lugar mucho más cómodo que en el asiento trasero del auto, ¿recuerdas?”, dijo sonriendo. “-Quédate tranquilo que no te estoy raptando, sino que quiero estar mucho más a gusto contigo. Tú también disfrutarás más, como creo que te estoy conociendo mejor”, y le guiñó el ojo al decir esto último. El auto dobló en una esquina y se internó en un barrio de casas bajas. Se detuvo, luego de andar unas pocas cuadras frente a un pequeño edificio de dos plantas. Era una casona antigua, que había sido remodelada hace ya algún tiempo. Al lado de la puerta doble de entrada había un cartel pegado a la pared. “Hotel Venus. Pasajeros”, decía en letras negras. “-Sigue de largo hasta el fondo del pasillo mientras voy a la ventanilla, trata de que no te vean con ese atuendo, nos meteríamos en problemas. Espérame allá”. “-Es un compromiso para nosotros, usted ya lo sabe.” El conserje se mostraba molesto al decir esto, al ver la silueta del chico deslizarse hacia el fondo del pasillo. “-Es bastante menor, ¿verdad?” “-Lo sé, sí. Aunque no lo es tanto, parece nomás. Pero les doy a ustedes también un tanto extra. Si piden más, bueno, veré de ir a otro lado”, replicó impaciente Iván. “- No… no se haga problemas” agregó el hombre. “-Pero bueno, sería mejor que no venga así vestido, parece más chico que la edad que menciona. “Ahora, si le queda tiempo…” agregó bajando la voz, “…podríamos compartir”. Iván no tenía la menor intención de compartir con nadie su preciosa joyita. “-No… con este no”, dijo categóricamente Iván. niğde escort “- Y el Nathan, ¿cuándo lo va a traer? Iván sonrió: “le gustó parece…” El conserje hizo un gesto que hizo reír a su cliente: “-Promesas…promesas que no se cumplen.” “- Quédese tranquilo, pronto voy a venir de nuevo con él.” Después de aquella breve conversación, Boris tomó las llaves y se dirigió hacia donde estaba el chico, que lo esperaba en el fondo del pasillo. “-Es mejor que no te vean demasiado, no tienes la edad para estar en un lugar como este, aunque sé que eres muy maduro, las leyes son así, no debías venir vestido de esa manera, perdona, fue culpa mía que no te advertí antes.” le hablaba en voz baja mientras conducía al chico con una mano sobre su hombro por el pasillo hasta la escalera que daba a la planta alta. Enseguida después de subir los escalones, el hombre puso la llave a la cerradura de la puerta más cercana. Kevin echó una mirada curiosa en derredor del cuarto. Sabía lo que era un hotel de pasajeros, un “telo” como decía con sus compañeros de clase, pero nunca había entrado en uno. Les contaría en detalles cómo era, les diría que había estado con una chica. No con Boris, con ese hombre adulto que podría ser su padre o su tío, si se enteraran… sería una catástrofe para él. Cuando comprobó que hubieron entrado y cerrado la puerta de la habitación, el conserje tomó la llave de la habitación de al lado. En la planta alta se habían hecho divisiones en el momento de la remodelación de la casa, y en lo que debía ser una gran sala se había convertido de esa manera en dos habitaciones separadas por una pared. Esta, había sido hecha de una fina capa de material, lo suficientemente delgada como para que se oyera con bastante claridad lo que pasaba del otro lado. Era el pasatiempo de Cardoso el conserje. Escuchar lo que sucedía en la habitación n° 14. Pero en aquella ocasión tuvo que aguzar el oído para percibir algunos sonidos inconexos y vagos que no le permitían tener una imagen de lo que estaba sucediendo. Era muy distinto con el chico de la semana pasada,ese Nathan, ya lo suponía en su actitud pícara y desenvuelta. Al quitar la habitación dos horas más tarde, notó en Boris el signo de agotamieto. No pudo estar a la escucha todo el tiempo, ya que su presencia en la recepción era requerida, pero en los momentos en que pudo pegar su oreja a la pared, las risitas, cuchicheos y gemidos del adolescente, acompañados por los sonidos metálicos propios de la cama en movimiento y el inconfundible gruñido de un hombre que está por llegar al clímax lo perturbaron de tal manera que tuvo que aflojar su cinto y satisfacer a mano su apremio. Pero esta vez era decepcionante. Con este chico no se oía nada. De vez en cuando la voz del hombre, suave, pausada, monosílabos sin que le encontrara el sentido se oía entre el murmullo de ruidos que venían de la calle. Ya aburrido decidió terminar con la escucha, pero justo antes de incorporarse oyó un ruido de algo que se caía. Volvió a aguzar el oído y pudo distinguir un largo y apenas audible gemido, que debía venir del niño, y, tapando por instantes aquel sonido, una voz baja y entrecortada. Volvió a acomodarse para disfrutar mejor de aquel momento, pero el timbre de la recepción le obligó, de mala gana, a bajar el piso y atender a una pareja. Era un hombre mayor acompañado de un muchacho joven, de unos veinte años. Anotó el nombre del hombre pero no el del muchacho. Debía ser un encuentro callejero ocasional, el muchachito necesitaría dinero. Le entregó la llave de la habitación n°12, la única que quedaba libre. -“Uy..!”- exclamó Kevin sonriendo _” la lámpara se fue al piso!”. Boris, que había llevado los bracitos por encima de la cabeza del niño, hizo que uno de éstos golpeara la lámpara de la mesita de luz y se cayera. Ya ambos se habían tendido sobre la cama, tras dejar un tendal de prendas en el suelo, Boris se había instalado sobre el cuerpo del adolescente y estaba dispuesto a penetrarlo, demasiado excitado por los besos y caricias que el chico tan generosamente le correspondía. Iría despacio al principio, para que la colita se adapte sin dolor a su ancho miembro. Ya no era virgen, lo que consideraba una ventaja nişantaşı escort en aquel momento. Una mueca del chico hizo que Boris detuviera su avance. Pero no era de dolor, Kevin buscaba acomodarse mejor debajo de aquel cuerpo macizo. Kevin se mordió el labio inferior en el momento en que la gruesa polla de su amante penetraba en su estrecho túnel, ya sabía que el sufrimiento era sólo al principio, luego tendría la misma sensación que había experimentado anteriormente con aquel hombre en el asiento trasero de su automóvil, y que ansiaba volver a repetir. Levantó más aún las rodillas y acomodó los tobillos sobre la cadera del hombre, envolviéndolo con sus delgadas piernas. Y Boris, alentado por aquella reacción, comenzó a ir y venir en forma muy pausada. Besó al niño en la boca mientras se movía en sus entrañas. “Diablos” pensó, “cómo le gusta besar con esa rica boca, se me prende como una ventosa”. Boris empujó hasta el fondo haciendo pequeñas pausas, hasta que ya no podía entrar más. Kevin reaccionó contorneando su cuerpo gimiendo levemente. Volvieron a besarse y el hombre adoptó un movimiento rítmico, lento al principio, pero pronto se detuvo, si seguía así iba a terminar pronto, y quería que aquel momento dure lo más posible. Vio signos de incomodidad en el chico y salió de él. Kevin lo miró sorprendido. “Ven… siéntate y abrázame”. El chiquillo obedeció. Boris pasó sus anchos brazos por la cintura de Kevin y lo atrajo hacia él. –“Te gustó… mmh? Mi bomboncito… casi me haces acabar cuando te mueves así” le murmuró al oído. “-Estabas incómodo… soy muy pesado, verdad?.. “-Si,” dijo el niño en voz baja.” “-Te gusta el espejo en el techo”, añadió. “_ Quieres mirarte mejor?” Kevin no contestó pero soltó una pequeña risa. “-Vamos a acomodarnos para que podamos vernos”. Siempre con los brazos rodeando la cintura se tendió de espaldas de manera que ambos quedaron mirando el espejo del techo. El niño quedó acostado sobre su ancho cuerpo. Riéndose nervioso, Kevin no dejó de advertir en el espejo la erección del hombre entre sus muslos abiertos, y contempló como el grueso pene comenzaba a hundirse y volver a emerger, una y otra vez de entre sus nalgas. El dolor inicial fue mucho menor, se acostumbró pronto, luego un cosquilleo en su interior, que le despertaba las sensaciones que buscaba. Boris, ya al borde de desconectarse del mundo y entrar en la esfera plena del placer, consideró que aquella posición no era la más favorable para gozar plenamente. Giró con el niño implantado en él, para quedar enteramente sobre su cuerpo boca abajo, envolviéndolo con sus gruesas piernas y separando los delgados brazos con sus manos. Se acomodó como para poseerlo plenamente, a su gusto, tratando de demorar lo más posible el intenso placer que le crecía vertiginosamente, silenciando con su boca los dulces gemidos que el chiquillo emitía tras cada embate suyo. Sintió, en el ir y venir, y a su plena satisfacción, las contracciones del niño, que le prensaron rítmicamente su miembro en actividad. Kevin estaba acabando, aun sin usar su mano. Ya era demasiado, ya no podía más. Con un fuerte gruñido estalló en lo más hondo que su sexo podía hundirse. Un orgasmo tan intenso no recordaba haber tenido. Chorro tras chorro, no dejaba de salir su esperma acumulado para aquella esperada ocasión, llenando buena parte de sus entrañas. Kevin también jadeaba, reponiéndose aún del intenso e inesperado goce que le había brotado como un fuego. Hubiera querido seguir, seguía moviendo sus caderas, como para repetir aquel momento, pero el peso inerte del hombre que tenía sobre su espalda lo estaba asfixiando, cuyo sexo que tenía aún dentro suyo estaba perdiendo turgencia. Se quejó y Boris comprendió que lo estaba aplastando. Se movió a un costado saliendo del chico. Ambos quedaron un buen tiempo entregados, en un mundo lejano, después de buscar una posición más cómoda, uno pegado al otro. Kevin prestó atención a los gemidos provenientes del cuarto de al lado. “Oís?” No somos los únicos”, dijo el hombre. “Parece la voz de un chico”, agregó Kevin. “-Con un hombre. Seguro que se encontraron en la calle.” “-O en el shopping de acá a la vuelta”, ankara olgun escort sugirió Boris. “-Se están dando con todo”, dijo el adolescente riendo. “-Como nosotros”. Y Boris se unió al festejo de Kevin. Cardoso, antes de dejar partir a su cliente, que estaba viniendo por el pasillo acompañado de su amiguito le hizo una seña para que se acerque. Kevin aguardo sentado en un sillón que había en un saloncito al lado de la recepción. “-Tiene noticias de Nathan?” le preguntó. “-Todavía no, Pero este fin de semana seguro que me voy a contactar con él. “-Para la semana que viene seguro”, agregó. “-No se olvide de mi”. Boris le agradeció con una sonrisa y el chico se levantó, y salieron juntos a la calle. “-Ahora vamos a lo que te prometí”, dijo el hombre. Te llevaré a la mejor heladería que hay en la zona” Y fueron hasta donde estaba estacionado el auto. Se puso en marcha y salió del estacionamiento. Salieron de la heladería con sus helados: cucuruchos bien cargados y coloridos. Cruzaron la avenida y se dirigieron al parque que estaba enfrente. Encontraron un banco vacío. “-Porqué nos fuimos tan pronto? preguntó Kevin, mientras saboreaba su helado e impedía con su lengua que se derritiera el borde. “-Es un lugar concurrido, y hay que pedir reserva con anticipación”, contestó Boris. “-Era el único turno disponible”, agregó después de una pausa: “-te gustó?” El chico se encogió de hombros.”- Si me quedo en casa, no tengo nada que hacer, me aburro. No me gusta ver tele, tampoco leer…pero… lo de hoy me gustó, sí.” Boris sonreía. Aquel muchachito era adorable. No quería perderlo. Se había esforzado en el hotel por no abrumarlo, por apaciguar sus miedos, hasta lograr que se entregara por sus propios deseos. Había finalmente tomado entera posesión de aquel tierno chiquillo. “Esto debe ser el nirvana” se había dicho, cerrando los ojos en el momento culminante. “-Porqué no fuimos a su casa?, preguntó. “-Podíamos haber quedado más tiempo”. Boris meditó un rato. “-Sabes.. tengo familia, e hijos. No podríamos hacer lo mismo que en el Venus. ¿Qué digo cuando aparezca en casa contigo? “Y agregó: “además, creo que te hubieras asustado un poco, o pensado que te iba a secuestrar… si te llevaba a mi casa.” Kevin asintió con la cabeza. Boris meditó un rato. “_Tengo un amigo…,” dijo, “que me podría prestar su departamento. Aunque…no, es un tipo complicado. Pero tengo algo mejor!” Pensó un rato y agregó: “en el norte hay lugares donde alquilan cabañas, puedo averiguar.” “_ Yo no tengo problema en decir en casa que me quedo en lo de un amigo” dijo Kevin. “-Me creerán y me dejarán seguro, porque no les importo mucho… además mi amigo va a estar de acuerdo. Podemos pasar la noche juntos…” Boris se rió. “_ Y que digo yo en casa? No va a ser tan fácil para mí!” “- Diga que tiene que viajar!” “Eres bastante diablo. No sabías eso?” le contestó sonriendo y agrego: “-Me gustaría verte vestido de niña”. El hombre lo miró divertido.”- Apuesto a que te quedaría de maravillas. Una pollerita roja, unas mediecitas blancas, sandalias con taco…y blusa sin manga, que se te vean los bracitos. Qué dices?” “-No sé”, dijo el chico encogiéndose de hombros.”- Me da igual. Una vez hice eso en casa, me puse una pollerita y una blusa, y me miré en el espejo. Quería coger la imagen del espejo.” Y se rió. “- Tienes hermana?” preguntó Boris. “-No. Bueno… no era una pollera, era un delantal de cocina, pero parecía…” “- Me hubiera gustado estar allí, no creo que hubiera resistido.” Boris consideró que no era prudente demorarse demasiado… Volvieron a la heladería para enjuagarse las manos y se dirigieron al automóvil. “-Y los labios … me los pinto también?”. Preguntó el chiquillo. “-Claro, y los ojos si quieres”, dijo Boris mientras le abría la puerta. La ruta en dirección a la casa de Kevin fe silenciosa. El hombre experimentó cierta amargura: no lo iba a ver… quién sabe hasta cuándo. El auto se detuvo a dos cuadras de la casa del chico. “-Espera…”, dijo Boris, sacando de su bolsillo la billetera. Le tendió tres billetes. Kevin dudó un instante y los tomó. “-No lo hago por dinero…” dijo titubeando. “Acuérdate de que nadie se dé cuenta de dónde sacas eso!” Kevin musitó un tímido “gracias”. “_Ven…” dijo Boris, y lo atrajo con su brazo para besarlo en la boca. Kevin le dio el gusto. El auto quedó detenido hasta que Boris vio que el niño desaparecía al doblar en la esquina. (Gracias por leer mi cuento. Críticas o comentarios serán bien recibidos)

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